miércoles, 2 de mayo de 2012

SALVATERRA, HISTORIAS DE. O TEATRO EN CABREIRA



Esta curiosa fotografia foi tomada a finais nos anos 50 en Salceda de Caselas. Nela e grazas á inestimable colaboración de Afonso Gonzalez Fernández e de Isolina Vaqueiro (ambolos-dous na foto de marxen inferior)podemos identificar de esquerda a dereita a: Jaime Nuñez Fernández, Benito Castro Groba, Joaquín Castro, Américo González, O mencionado Afonso,Manuel Fernández (a cabeza do fondo). Á beira de Alfonso, Segunda Vaqueiro Gonzalez, Matilde Presa, Carmen Fernández Núñez, Concha Gonzalez, Lola Costa ( non é seguro) e últíma muller pola dereita sen identificar. A obra representada podería ter sido "La Casa de Quirós" obra en dous actos de Carlos Arniches,ou se cadra "El gran Tacaño" de Quevedo. Outro dos títulos tamén representados foi"El sí de las niñas" de Leopoldo Alas Clarín",ainda que este parece seguro foi representada na fábrica de madeira do Roxo, en anos anteriores os citados, posiblemente arredor do ano 42 e co galo de una racaudación para restaurar a igrexa de Cabreira. Parece oportuno mencionar o labor entre bastidores de Carmen do parceiro, Carmen Presa, unha muller que exercía a tarefa equivalente á direccion teatral e que co seu entusiasmo promovía este tipo de eventos.


Agradecer a Marga Núñez a súa valiosa e desinteresada axuda coa áportación de algunha das fotografías "colgadas" nesta entrada así como a xenerosidade compartida dos recordos da súa infancia.


miércoles, 11 de abril de 2012

LA VOZ SILENTE DEL ESCRIBA




Las palabras acudían a él, como un pálpito sacude el pecho en el preámbulo de un alumbramiento y entonces las domeñaba a su antojo, creando un lenguaje sin artificios, como una prosaica licra de los sentidos, enaltecidos estos y convertidos en significados oculares, de una plasticidad tan bella, tan dolorosa en su intensidad, que cualquier concepto estallaba en realidades.
Arrobado en la transmisión del mensaje, ejercitaba su orfebrería de poemas, construía sentencias que encerraban el epílogo de los ancianos, escribía tratados sobre la espumosa esencia del hombre y ponía en su grafía la voz escrita, esperántica y universal. Y mientras tanto, las palabras, una vez más, acudían a su geiser creativo que las colocaba quirúrgicamente en su lugar preciso, para decir, sin adocenamiento, la frase que todos esperaban, que a todos conmovía. Su elocuencia viajaba a lomos de cada figura del lenguaje hacia donde nunca antes habían estado otras voces. Y se obraba el milagro cuando sus historias bullentes al abrigo de los libros, impregnadas en ellos- ya libres de cualquier encuadernación- se transmitían por el acervo oral de los pueblos hasta la difusa frontera de la inmortalidad. Apenas un sueño le separaba de la plenitud de la gramática: Con vehemencia, valiéndose del lenguaje de los signos, dejaba dicho con sus particulares sesgos en el aire, que de no ser por su apoplejía ante la fonética, hubiera podido decir, con la voz que le había sido negada, cuan errado era el camino de los hombres cuando dejó de ser el trazado por aquellas inveteradas palabras.

jueves, 22 de marzo de 2012

El jacinto y la tortuga



Los jacintos son efímeros y se manifiestan con brevedad. Son breves sus pétalos y evanescente su aroma, como en evocadoras ráfagas que huyen esquivas, desvanecidas. Su floración finaliza desde el principio como desde el principio todo languidece y su proceso apura el tiempo y mengua como la persistencia lo hace en la voluntad. La naturaleza gesta así su proeza, acometida con la diligencia premonitoria del fin. Lo hace de una forma desmedida, llevando al Jacinto de la apoteosis de sus azules, al verde vegetativo en apenas unas horas. La flor tan pronto corona las aguas prístinas del estanque, como flota sobre el légamo y no hay en ello una exención a la filosofía.
Es esta una planta nihilista y no lo sabe. Se asoma a la vida y pasa de soslayo por el ciclo finito que otros seres desearían inmortal. Vive escindida de la longevidad, lo hace de una manera intensa, acotada y libre. Florece en los ribazos y marchita su celeste esplendor apenas en unas pocas noches de plenilunio, con la premura estelar que las perseidas dibujan en el cielo nocturno de Agosto.
En el mismo hábitat lacustre la tortuga arrastra en su cóncavo caparazón la pecaminosa herencia de los rufianes y siendo ese su lastre parece cabal la penalidad con que ejecuta su parsimoniosa deriva. Su peregrinaje es atemporal, como así resultan los pasajes de la vida ralentizados por el sufrimiento. La tortuga calcula sus horizontes negando su superficie y extensión y sopesa cuanto en su ciclo vital encomendará al esfuerzo de coronarlos. Y frente a la celeridad del mundo que pasa, congela el gesto y sus percepción de una realidad distinta le permite ser el único testigo fehaciente de las fotografías pixeladas hasta el infinito, como congeladas instantáneas, que a nuestros ojos no son más que una secuencia vertiginosa y olvidadiza de fotogramas superpuestos.
Trato de comprender el desarraigo de los jacintos, carentes de anclajes, desprovistos de verdaderas raíces al socaire de la brisa que les conduce por insospechadas derrotas, entre cauces que son un destino incierto, apremiados por una fertilidad transitoria y urgente.
Trato de comprender a la premiosa y reumática tortuga con su óseo corsé a las espaldas, ventruda a la inversa, pero cuidadosa de que sus patas aferradas a la tierra que pisa, jamás dejen de hacerlo porque su vulnerabilidad depende de ello.
Y mientras me decanto por una metáfora aplicable a mi propia vida, comienzo a poner en claro todas las moralejas de todas las historias de todas las vidas. Y asi, conozco que hay que florecer con la belleza del Jacinto todos los días que vive la tortuga; como esta, exaltar la pausa, contribuir a su belleza, o mejor aun, observar la belleza desde la pausa. Y mientras pienso en la flor y en el quelonio, yo, ecléctico como pocos, resuelvo inspirarme en el desarraigo de la primera para no negar ninguna evasión que desee, y como no, en la estabilidad de la segunda, para echar raíces, allá donde mi lento bagaje haga brotar mis flores, mi caparazón. Esta vez en la tierra, sobre la tierra.

domingo, 18 de diciembre de 2011

DUALIDAD 2

Los pájaros y las piedras surcan el aire
con impulsos diferentes.
Los primeros, como los sentimientos
son migratorios, de gravedad leve;
y estos son a veces pétreos,
indefectibles a la caída.

Las alas se vuelven inútiles al no batirse
y las piedras pierden su inercia.

Gravito compasivo entre una celeste
calma de los actos.
Cuando no,
me precipito granítico a los infiernos.

DUALIDAD 1



Título del cuadro: "Dualidad"
Autora: Masha Vinogradova http://mashavinogradova.artelista.com/


Tengo días
en los que ningún ídolo o referencia
me gobierna
y un pensamiento huérfano me basta.
Días de gloria en los que mi género no define
este cuerpo que me alberga
en una ingente vanidad
en una insolencia de clarividente.

Otros, los más aciagos
tropiezo con los apéndices de las hormigas
o caigo de bruces en la excreta de un escarabajo.

Algunas mañanas,
no entorno los ojos, desafiando mis córneas al sol
y a la noche me protejo del rocío
tras mi caparazón de insecto.

Tengo días en paz
cuando no me puede la insania.

jueves, 28 de julio de 2011

SALVATERRA DE MIÑO,HISTORIAS DE- O abó de chapeu.




Do meu avó Santiago só conservo algún recordo máis aló das fotos da època, nas que aparece con aspecto enxoito e coa faciana en aparencia grave, embutido na formalidad dos traxes que lle esixía o seu traballo como secretario dun concello. Quédome co testemuño do meu pai que lle sinala como un home caritativo e xusto. Este documento gráfico de Salvatierra permítenos ver un autobus da época da Empresa Garcia.O carón do condutor un home de chapeu mira a cámara a traveso dos cristais do parabrisas. Ao fondo, pódese apreciar o desaparecido Hotel Miño de Salvatierra.


Foto- cortesía de Nahir Presa,Combatiente de género y azote de misóginos. Tia entrañable y amiga.