
El pasado Miércoles 24 de Febrero, la Prensa se hacia eco de una de esas noticias curiosas y controvertidas, que sirven como contrapunto al aluvión de calamidades que nos aturden día a día. El titular decía literalmente "Juan Pablo II heredó un piso y se lo dejó a una pareja de gays" y a continuación explicaba que una mujer de Madrid se lo había dejado en herencia al Pontífice y el nuncio de su Santidad había intercedido en la operación de compra-venta. Al poco de leerlo, mi imaginación -que es como esos globos de helio que ascienden y pocos veces regresan a las manos de sus infantiles propietarios- comenzó a elucubrar esta historia.La protagonista era Paca, aunque su marido, Agustín, adquirió sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, un papel vital en la historía. Para cualquiera que se asome a estas letras, mi más calurosa bienvenida y mi deseo de que la historia sea de su agrado.
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